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La Propiedad Horizontal en Panamá

Conceptos claves para que los promotores y los propietarios disfruten los beneficios de los PH.

Por definición, el régimen de propiedad horizontal es aquel que regula la coexistencia de propiedades privadas que comparten bienes comunes, como por ejemplo los apartamentos (privados) en un edificio (con áreas comunes).

De igual manera, se entiende como «propiedad horizontal» aquellos bienes inmuebles que forman parte de un régimen de propiedad horizontal.

La Propiedad Horizontal, comúnmente llamada por sus siglas, «P.H.», es una institución jurídica que en Panamá cuenta con más de 60 años de experiencia, lo que ha permitido un crecimiento inmobiliario sostenido y ha contribuido a mejorar la calidad de vida de los panameños.

Gracias a los P.H. un promotor puede:

  • aprovechar los espacios verticales y horizontales,
  • diseñar nuevos formatos de desarrollo,
  • facilitar sus procesos financieros,
  • mediar en la administración de su proyecto hasta que este culmine y
  • brindar ventajas significativas a sus clientes, quienes de seguro apreciarán la existencia de un buen régimen de propiedad horizontal.

Por su parte, quienes compran una propiedad en un P.H. obtienen verdaderos beneficios:

  • apoyo de todos sus participantes en el mantenimiento, conservación, uso y disfrute de su propiedad, lo que permite preservar o aumentar su valor patrimonial.

Pero éste es un sistema que funciona y es útil si los actores del mismo, promotores y compradores, tienen claridad de lo que significa, de sus posibilidades y limitaciones, y, en general, si conocen las normas que rigen la materia.

Así, queremos destacar algunos conceptos fundamentales a tomar en cuenta, tanto el promotor como  los propietarios de un P.H., si desean disfrutar de la mejor manera posible los beneficios que aporta este régimen:

  • Las reservas legales:  Son las medidas de custodia y guarda establecidas en un régimen de propiedad horizontal, solicitadas por el promotor y que son de forzoso acatamiento por parte de sus clientes.  Estas reservas legales pueden tratar del uso que se puede dar o no al P.H. o pueden referirse a disposiciones relacionadas con el futuro desarrollo del P.H. o de los derechos que se reserva el promotor para sí, entre otras.
  • Las promesas: El promotor debe tener cuidado al momento de redactar las promesas que brinda a sus clientes, contenidas en el contrato de promesa de compraventa o en la publicidad del proyecto, pues las mismas se constituyen en garantías mínimas a favor de los compradores y obligan al promotor a su cumplimiento. Estas promesas van contenidas en las reservas legales, en las características del proyecto, en las limitaciones y demás condiciones que el promotor se compromete a cumplir y que desde entonces le obligan.  Asimismo, los compradores deben ejercer su capacidad negociadora y verificar si el documento protege sus intereses presentes y futuros y le permiten evitar malos entendidos en el futuro.
  • Las aprobaciones:  El promotor debe cumplir con normas de aprobación en materia de diseño, uso de suelos, permisos de construcción y ocupación y ambientales de manera previa o de lo contrario podría sufrir las consecuencias de tales omisiones.  Estos permisos garantizan a la comunidad que el proyecto está hecho de manera correcta y en acatamiento a las disposiciones legales vigentes.
  • La administración:  Es importantísimo, y nunca será suficiente remarcarlo, que los propietarios de un P.H. participen en la administración del mismo. Un P.H. se gobierna desde su Asamblea de Propietarios o su Junta Directiva y la calidad de un P.H. depende de manera fundamental de la cooperación, colaboración y asistencia de los propietarios al manejo de la administración, ya sea formando parte de la junta directiva, los comités que existan, asistiendo a las asambleas o  simplemente involucrándose.
  • Las cuotas de gastos comunes:  El mantenimiento y la operación de un P.H. depende del aporte económico de todos sus participantes y para ello, quien quiera participar de un P.H. debe considerar la posibilidad real de asumir el costo de vivir en el mismo.  En la medida que todos los propietarios de un P.H. colaboren con su cuota de gastos comunes, el conjunto podrá cubrir sus necesidades y constituirse en un verdadero eje de la calidad de vida de sus integrantes.
  • Las reglas:  En un P.H. existen reglas de copropiedad y reglas de uso, dos reglas distintas y complementarias, que son las que establecen qué se puede hacer o no en un P.H.  Estas reglas facilitan la conservación, el mantenimiento y la dirección del P.H. y siempre es recomendable que sus participantes conozcan las mismas, para cumplir mejor con sus obligaciones y saber qué derechos posee.

Y, detrás de todos los factores señalados, lo más importante será el interés humano por el cual los participantes de un P.H. toman conciencia de la necesidad de involucrarse y brindar su aporte al conjunto.

Al fin de cuentas un P.H., como organización social, será la suma de virtudes y defectos de sus participantes y la felicidad del conjunto será fruto de la obra de todos.

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